Al lanzarme a la batalla de esta vida de locura, parecía que tenía bastante con sólo esta armadura.
Pero las flechas poderosas de un ángel endemoniado, me llenaron de profundas heridas que sangraron mi alma.
Curarlas es complicado, pues no tengo quien lo haga, y los pocos ungüentos que las calman son fugaces y costosos.
Sólo busco de la contienda una victoria o la muerte, pues seguir en este brete me tiene ya desfallecida.
Romper las cadenas quisiera, que me aferran a sus ojos, volar libre y sin recuerdos, no anhelar ya más su aliento.
Pero sin embargo siento que no puedo alejarme de aquello que el alma me arrebata. De esa mirada certera que de mi, sin resistencia, se apodera. Condenada me tiene su voz, su abrazo. Presa con gusto me hallo, y mientras así sea, ¡que me hiera!
2 comentarios:
Sería un honor morir a tu lado.
Muchas gracias, amigo.
Aún quedamos un grupo de luchadores por ahí en busca del contrincante definitivo...A ver si nos acaban de herir de una vez. Hay que ver cómo es este Cupido de flojas flechas... :P
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